La verdulería de otoño tiene un surtido que se repite: zapallo, cebolla, acelga, zanahoria, algún puerro. No hace falta armar una lista larga ni recorrer tres negocios para resolver la semana. Con esos ingredientes alcanza para tres platos que se cocinan sin apuro y se adaptan a lo que ya hay en la heladera.
Cocinar con lo que está de temporada tiene una ventaja concreta: el producto viene mejor de sabor y rinde más en la olla. Las cantidades que siguen son orientativas y están pensadas para dos o tres porciones. Cada receta admite cambios según lo disponible, y conviene probar antes de ajustar sal o condimentos.
Sopa de zapallo y jengibre
Se corta medio zapallo en cubos, se rehoga con una cebolla picada y un trozo pequeño de jengibre rallado. Se cubre con agua o caldo, se cocina hasta que el zapallo se deshaga y se procesa o se pisa con un tenedor. Si hay crema o leche en la heladera, un chorrito al final suaviza el sabor.
La variante más útil para esta época suma una zanahoria o un puerro al rehogado. También funciona con calabaza en lugar de zapallo, o con unas hebras de naranja si se quiere un toque más dulce. El jengibre se puede reemplazar por una pizca de nuez moscada, aunque el sabor cambia bastante.
Ensalada tibia de lentejas
Se cocinan las lentejas hasta que estén tiernas pero firmes, se escurren y se mezclan todavía calientes con cebolla morada en pluma, zanahoria rallada y perejil. El aderezo puede ser simple: aceite, vinagre y una pizca de sal. Servir tibia hace que los sabores se integren mejor que en frío.
Si sobró arroz o quinoa, se pueden sumar a la ensalada y convertirla en plato único. También acepta trozos de queso fresco, huevo duro o aceitunas. Lo que no conviene es agregar hojas verdes muy tiernas antes de tiempo: se marchitan con el calor de las lentejas y pierden textura.
Tarta de cebolla
Para la base se puede usar masa comprada o preparar una masa simple con harina, aceite y agua. El relleno lleva tres o cuatro cebollas cortadas finas, rehogadas a fuego bajo hasta que estén transparentes, y dos huevos batidos con un poco de queso rallado. Se cocina en horno medio hasta que la superficie esté dorada.
La tarta admite casi cualquier agregado: atún, acelga cocida y bien escurrida, o trozos de zapallo asado. Si se usa acelga, conviene saltearla antes y sacarle el agua para que la masa no quede húmeda. Es un plato que se puede preparar el domingo y resolver dos cenas de la semana.